—Ánimo, Domitila —le dije a mi comadre—. Vamos a echar café. Hay mucho por hacer si queremos levantar esto de nuevo.
Y a ustedes, que han estado junto a mí en este camino lleno de dolor pero también de aprendizaje, les dejo un último mensaje. Guárdenlo en su pecho.
Jamás confundan el silencio de una madre con debilidad, porque en ese silencio estamos elevando plegarias por nuestros hijos, pidiendo que no se pierdan. Pero también, en ese mismo silencio, estamos preparando la espada de la justicia, listas para enseñarles la lección más dura si se atreven a perderse en la oscuridad.
Soy Fidelas Cisneros y hoy, por primera vez, comienzo a vivir para mí.
Así cerramos este episodio en la vida de doña Fidelia. Una historia dolorosa, sin duda, pero que debía contarse.
Ahora sí, queridos, quiero preguntarles de corazón: ¿qué opinan de la decisión final que ella tomó? ¿Piensan que fue demasiado fuerte al dejar que su hijo se quedara preso, o creen que fue el acto justo que él necesitaba para recapacitar? Si ustedes estuvieran en sus zapatos, con el alma hecha pedazos por la traición de su propia sangre, ¿habrían actuado distinto?
Déjenme sus pensamientos aquí abajo en los comentarios. Les aseguro que leo cada uno porque sus palabras son el corazón de este canal.
Si este relato les hizo pensar o les recordó lo importante que es no olvidarse de uno mismo, regálenos un me gusta, compartan esta historia con esa comadre, hermana o pariente que necesita escucharla y suscríbanse al canal para que no se pierdan lo que sigue.
Nos vemos en el próximo episodio. Nosotros somos Antes del Silencio. Gracias. Hoy estamos aquí para tender puentes con nuestras historias, ayudándoles a encontrar esa paz y esa fuerza interior que todos llevamos bien guardada.