Soy extranjera, apenas tengo trabajo. Marcos les puede dar una vida de lujos, un futuro. Y yo, ¿qué les ofrezco yo? Su voz estaba rota por el pánico que yo tanto conocía. Por un momento temí que se rindiera. Lucía, respira, le dije intentando mantener la calma por las dos. Eso es exactamente lo que él quiere que pienses. Quiere asustarte para que vuelvas a ser la mujer sumisa que puede controlar. ¿Acaso crees que un juez va a ignorar sus amenazas, su control, la violencia?
Confía en tu abogado, confía en ti misma. El tercer ataque y el más doloroso fue a través de los niños. Marcos consiguió a través de sus abogados un régimen de visitas supervisadas. Cada sábado, una trabajadora social acompañaba a los niños a un punto de encuentro para que pasaran dos horas con su padre. Marcos aparecía impecablemente vestido, sonriente, cargado de regalos caros. La última videoconsola, las zapatillas de marca que querían, juguetes que Lucía jamás podría permitirse. Los niños pequeños volvían confundidos.
Mamá, papá dice que si volvemos a casa nos comprará un pony. Dice que tu piso es muy pequeño y triste. Hugo, sin embargo, se mantenía firme. Una noche, mientras Lucía le arropaba, le dijo en voz baja, “Mamá, no escuches a papá, solo quiere comprarnos. Yo prefiero vivir aquí contigo, aunque solo comamos macarrones, que en esa casa grande donde siempre tenía que estar callado. ” Las palabras de Hugo fueron un bálsamo para el alma herida de Lucía. le dieron la fuerza para seguir luchando.
Mientras tanto, en China yo había avanzado con mi parte del plan. El amigo experto en finanzas internacionales analizó el contenido del penrive. Su veredicto fue claro. Sofía, esto es muy serio, me dijo por una llamada segura. No es solo un poco de ingeniería fiscal. Aquí hay indicios claros de blanqueo de capitales y evasión de impuestos a gran escala a través de empresas fantasma en paraísos fiscales. Los documentos demuestran transferencias para inflar costes y sacar dinero del país.
Si esto llega a manos de Hacienda o de la fiscalía, tu amigo Marcos y su padre podrían enfrentarse apenas de cárcel. La información era una bomba. Se la transmití inmediatamente al abogado de Lucía en Madrid. Su estrategia cambió. Ya no se trataba solo de defenderse, sino de tener el arma definitiva para una negociación. La primera sesión de mediación en el juzgado fue un teatro. Marcos llegó con su abogado, exudando confianza y una falsa preocupación por el bienestar de sus hijos.