Puedes llamar primero para una consulta telefónica, explicar tu caso. Si necesitas una reunión en persona, te ayudaremos a organizarla en un lugar seguro. Al salir del centro, Lucía llevaba una carpeta con información, varios números de teléfono y un viejo móvil que le había prestado a Ana para emergencias, ya que el suyo podría estar siendo vigilado por Marcos. Su espalda parecía más recta. El miedo seguía ahí, pero ya no era desesperación. Sofía, gracias, me dijo en la calle cogiéndome la mano.
Las lágrimas volvieron a caer, pero esta vez eran de alivio. Sin tio, yo yo me habría podrido en esa casa. No digas eso. Has sido tú la que ha dado el paso. La abracé. El camino que tienes por delante será difícil, pero ya no estás sola. Recuerda lo que te ha dicho Ana. Tu seguridad es lo primero. Cuando tengas el móvil, mándame el número. Llama al abogado, infórmate. Reúne pruebas, aunque sea un diario donde apuntes su control, sus amenazas, sus insultos.
Guarda la nota que te dio Hugo. Cuando vuelva a casa, intentaré investigar lo de la empresa de Marcos por otros medios. Podría ser tu basa en la negociación, pero y los niños era su mayor preocupación. Si decides irte, la ley estará de tu parte. La ley española protege mucho los derechos de los niños, especialmente en casos de violencia y entornos inestables. Tienes muchas posibilidades de conseguir la custodia y de que él tenga que pagar una pensión. El abogado te lo explicará.
Todo la consolé, aunque sabía que el proceso no sería fácil. Nos despedimos rápidamente. Tenía que volver antes de que Marcos llegara del trabajo. Volví al hotel y empecé a ordenar mis ideas. Lucía había dado el primer paso, el más importante, pero la larga batalla legal y personal acababa de empezar. Marcos no se rendiría fácilmente y menos en su situación. Podría volverse aún más peligroso. Tenía que volver a casa y apoyarla desde allí. El abogado chino era clave y el contenido del penrive tenía que buscar alguien más profesional, un investigador o un periodista económico de confianza
para analizarlo y ver si podía ser una herramienta para presionar a Marcos en el divorcio, en el reparto de bienes o en la custodia de los niños. Tres días después subí al avión de vuelta. Antes de despegar recibí el primer SMS de Lucía desde su nuevo teléfono. Solo una palabra. Bien. Sabía que tenía el móvil y que de momento estaba salvo. El avión despegó. Miré por la ventanilla la ciudad que se iba haciendo pequeña. Sentía una mezcla de pesadez y esperanza.