Lucía, escúchame. Cuando me vaya, busca la forma de comprarte un teléfono de prepago, el más barato, con el dinero que tienes guardado. Escóndelo bien y espera mi mensaje. Te contactaré, ya veré cómo te hago llegar el número. Protégete a ti y a los niños, sobre todo a Hugo. Tu seguridad es lo primero. No te enfrentes a él. Síguele la corriente para ganar tiempo. Espérame. Los ojos de Lucía se abrieron de par en par, incrédulos. En su mirada, antes muerta, apareció un brillo de esperanza.
Me apretó la mano con fuerza y asintió, con los labios temblorosos, sin poder hablar. Las lágrimas le caían por las mejillas. “Cuídate”, le devolví el apretón, la solté y sin mirar atrás salí de esa casa asfixiante. El aire de la mañana era frío, pero sentí que volvía a respirar. No había pedido ningún coche. Fui caminando rápido a la parada del autobús. Con el teléfono de prepago llamé a un número que había buscado la noche anterior, el teléfono de ayuda a la mujer de la localidad.
Cuando me respondieron, expliqué la situación en inglés. Una amiga mía, ciudadana china, casada con un español y con cuatro hijos, sufría control psicológico y económico y posiblemente violencia física. Mencioné la marca en el brazo y la bofetá. El marido con problemas financieros en su empresa, estaba muy inestable y existía un riesgo potencial. Mi amiga no tenía ingresos, estaba aislada socialmente y aunque hablaba el idioma, estaba muy frágil psicológicamente. Quería escapar, pero tenía mucho miedo. Pregunté qué opciones había para un refugio temporal, asesoramiento legal y apoyo psicológico.
La persona que me atendió fue muy profesional, me escuchó con paciencia, sin dar nombres ni direcciones, y me dio varias opciones. Si la situación era de emergencia, podía llamar a la policía que la ayudaría a contactar con una casa de acogida. Si no había un peligro inminente, pero necesitaba ayuda para planificar su salida, podía pedir una cita en el centro de ayuda a la mujer local, donde había trabajadores sociales, psicólogos y abogados. Todo confidencial. También me dieron un número de emergencia para una casa de seguridad.
Apunté toda la información, especialmente la dirección del centro y cómo pedir cita. En ese momento recibí la respuesta de Carlos. Era un correo breve pero conciso. Primero, insistía en que la seguridad personal era lo primordial. Em, recomendaba eh siempre que fuera seguro reunir todas las pruebas posibles, control financiero, marcas de violencia, grabaciones de amenazas, informes médicos, testigos. Segundo, me daba el contacto de un abogado chino en Madrid, especializado en casos de matrimonios internacionales y derecho de familia de confianza.