¿Puedes contarme lo que sea? Le cogí la mano. Estaba helada. se quedó en silencio un buen rato. De repente, las lágrimas empezaron a caer sin previo aviso sobre la mesa. “Sofía, no sé qué hacer”, susurró entre soyosos. Ayer, ayer oí a Marcos hablar por teléfono. No entendí mucho, pero creo que la empresa tiene problemas muy graves. Necesitan mucho dinero. Estaba discutiendo con su padre, creo que hablaron de hipotecar algo. Hipotecar. Mi corazón dio un vuelco, no lo sé, la casa o algo.
Estaba furioso. Decía que todo era culpa de una mala decisión de su padre y también dijo que si la financiación se cortaba, todo se acabaría. Lucía hablaba de forma entrecortada, temblando. Tengo mucho miedo. Si perdemos la casa, ¿dónde vamos a vivir? Y los niños, yo yo no sé hacer nada. Efectivamente, lo del penrive y lo que Lucía había oído encajaba. La empresa de Marcos o su familia estaba en una grave crisis financiera y probablemente estaban haciendo operaciones ilegales para tapar el agujero.
Y esta casa, este hogar aparentemente sólido, quizás ya estaba hipotecada, dijo algo más, eh, alguna consecuencia. Intenté mantener la calma. Lucía negó con la cabeza, con el rostro lleno de pánico. No, pero rompió algo. Nunca lo había visto tan fuera de sí. Luego salió, me vio y su mirada era aterradora. Me preguntó cuánto había oído. Le dije que no había entendido nada. No me creyó. Él de repente se tapó la boca ahogando un soyoso. Sus ojos reflejaban un pánico absoluto.