15 Años Después De Que Mi Mejor Amiga Se Mudara A España Fui A Verla ¡Pero En Cuanto Entró Su Marido…

Esa noche nadie durmió. Tumbada en la cama, apretaba el pendrive en mi bolsillo. Contenía la llave para que Lucía escapara de su jaula de oro o la bomba que destruiría su vida y la de sus hijos. tenía que ser extremadamente cuidadosa. A la mañana siguiente, con la excusa de ir a comprar recuerdos y hacer unas gestiones del viaje, dije que necesitaba ir sola al centro. Lucía quiso acompañarme, pero Marcos, que se había quedado en casa por la mañana cancelando algún plan, estaba allí.

Ella tenía que preparar la comida, así que no insistió, pero me explicó detalladamente cómo llegar en autobús. Me puse la mochila con el penrive bien escondido en un bolsillo interior y salí. En la esquina me aseguré de que nadie me viera. No fui a la parada del autobús. Caminé rápido en dirección contraria. Recordaba haber visto a unas calles de allí una gran tienda de electrónica. Necesitaba comprar un par de penrives, de usar y tirar anónimos y el teléfono de prepago más barato e imposible de rastrear que encontrara.

Luego buscaría un lugar seguro con ordenadores públicos como una biblioteca grande o la facultad de alguna universidad. Tenía que copiar las pruebas y contactar con Carlos. Cada paso era como caminar sobre hielo. No sabía si Marco sospecharía de mi salida, si tendría alguna forma de vigilar la casa o los alrededores, pero no tenía otra opción. Justo cuando iba a girar la esquina hacia la tienda electrónica por el rabillo del ojo, me pareció ver un coche negro familiar aparcado al otro lado de la calle.

En el asiento del conductor, una silueta parecía estar mirándome. El corazón me dio un vuelco. Era el coche de Marcos. ¿Qué hacía aquí? ¿No estaba en casa? ¿O eran imaginaciones mías? No me atreví a pararme a mirar. Aceleré el paso y me mezclé con la gente que empezaba a llenar la calle. Sentía una mirada clavada en mi espalda. Me obligué a no girarme, a mantener un ritmo normal, pero las manos me sudaban. ¿Era marcos? ¿Me estaba siguiendo o era una coincidencia?

No, no podía dejarme llevar por el pánico. Podía ser un coche parecido, pero no podía ignorar esa sensación de estar siendo observada. Cambié de ruta. No fui directamente a la tienda de electrónica. Entré en un gran supermercado, me moví entre los pasillos, usando a la gente y las estanterías como escudo y salí por otra puerta. Di un rodeo y finalmente llegué a la tienda. Al entrar miré hacia la calle como si nada. No vi el coche negro.