El aroma que se esparció por la habitación era vigorizante y tranquilizante al mismo tiempo. ¿Lista, princesa?, preguntó el niño arrodillándose junto a la silla de ruedas. Ana Sofía asintió que sí, visiblemente ansiosa, pero confiada. Mateo colocó sus manos en las piernas de la niña con mucho cuidado y comenzó a quitarle sus zapatitos y calcetines. Mónica sostenía la mano de su hija intentando controlar su propia ansiedad. Ahora voy a poner tus pies en el agua calientita. Puede que sientas una sensación extraña, pero es normal, está bien.
El niño tomó los pies de Ana Sofía y los colocó lentamente en la tina con agua. La niña cerró los ojos y suspiró. Vaya, qué rico. Está calientita y huele muy bien. Mateo comenzó entonces un masaje suave, siguiendo exactamente las instrucciones que había aprendido con su abuela. Sus dedos, pequeños firmes, presionaban puntos específicos en las plantas de los pies y tobillos de Ana Sofía. ¿Sientes algo diferente, princesa? Siento, siento como si tuviera hormigueo. Es extraño, pero no duele.
Mónica intercambió una mirada significativa con Alejandro. Hacía meses que Ana Sofía no reportaba ninguna sensación en las piernas. Mateo continuó el masaje por unos 20 minutos, siempre conversando con la niña, contando historias graciosas que su abuela solía contar para distraer a los pacientes. Mi abuela decía que el cuerpo de uno es muy inteligente. A veces solo necesita un pequeño empujón para recordar cómo hacer las cosas correctas. Cuando terminó la primera sesión, Mateo secó cuidadosamente los pies de Ana Sofía y los envolvió en una toalla caliente.
Y bien, ¿cómo te sientes? Siento las piernas diferentes, como si estuvieran más vivas. Alejandro se acercó. Mateo, ¿con qué frecuencia piensas hacer esto? Mi abuela siempre lo hacía dos veces al día, una por la mañana y otra por la tarde. Decía que la constancia es importante para despertar los nervios. ¿Y cuánto tiempo tarda en verse resultados? Depende de cada persona, señor. Algunos casos que mi abuela trató mejoraron en pocos días, otros tardaron semanas, pero siempre mejoraba algo.