Esa declaración provocó un vacío absoluto en el lugar. Mauricio parpadeó varias veces, incrédulo. Para él, la idea de perder a Valeria y sus comodidades siempre había sido una fantasía ridícula, una amenaza que ella jamás se atrevería a cumplir. Intentó esbozar 1 sonrisa, pero solo logró una mueca patética.
—¿Tú… tú tienes abogada? —tartamudeó.
—Desde febrero.
No mentía. No era una escena improvisada por el dolor del momento. Desde hacía 8 meses, Valeria había empezado a notar faltantes en las cuentas conjuntas, movimientos bancarios inexplicables y mentiras torpes sobre viajes de negocios. No sabía de la existencia de “Paola Oficina”, pero su instinto le decía que el barco se estaba hundiendo. En el más estricto secreto, sin decirle siquiera a su hermana mayor, había contratado a 1 especialista en derecho familiar.
Valeria hizo una seña al mesero, quien se acercó tímidamente. Ella ya había liquidado la cuenta completa 20 minutos antes en la barra, mientras iba al baño. Se giró hacia los amigos mudos y paralizados.
—Ya que les hizo tanta gracia el chistecito de mi marido, al menos pueden estar tranquilos de que no tendrán que pagar la cuenta por el espectáculo. Provecho.
Tomó su abrigo. Mauricio, desesperado y viendo que su teatro se había derrumbado, la siguió hasta la salida del restaurante, ya sin público y sin su máscara de simpatía. La detuvo en la acera, bajo la luz amarilla de un farol de la calle Presidente Masaryk.
—Te vas a arrepentir de esto, Valeria —le siseó en voz baja, mostrando por fin su verdadera naturaleza agresiva—. Tú no sabes hacerme daño. No eres nadie sin mí.
Valeria lo miró, por primera vez en su vida, sin 1 gramo de miedo.
—Eso es exactamente lo que tú creías de mí. Que te vaya bien con el ascenso.
Lo dejó ahí parado en la calle, abrazando su ego roto, su mentira expuesta y su supuesta grandeza desmoronándose.
A las 11 de la noche, Valeria ya estaba sentada en la cocina de la casa de su hermana Fernanda, en Coyoacán. Frente a ellas había 2 tazas de café de olla humeante y 1 computadora portátil abierta. Cuando Valeria le mostró las fotos del mensaje de la amante, Fernanda no hizo preguntas inútiles sobre por qué no lo había dejado antes. Simplemente la abrazó fuerte, abrió Excel y comenzaron a clasificar 12 años de abuso financiero en carpetas precisas: “Deuda Cantina”, “Remodelaciones”, “Auto de Mauricio”, “Préstamos Personales”. La verdadera liberación y la dignidad, muchas veces, no comienzan con lágrimas, sino con un cálculo financiero bien ejecutado.
El celular de Valeria vibró sin parar. Mauricio realizó 17 llamadas perdidas. Luego comenzaron a llegar los audios de WhatsApp. En los primeros 3, él lloraba desconsoladamente, pidiendo perdón con voz de niño arrepentido. En los siguientes 5, se indignaba y le gritaba que estaba loca. En los últimos, su narcisismo salió a flote, culpándola por querer destruir su imagen pública y su vida “solo por 1 pequeña broma de mal gusto y 1 desliz sin importancia”. Valeria ni siquiera los contestó.
A la mañana siguiente, exactamente a las 8:57, la abogada de Valeria cumplió su palabra. Envió 1 correo electrónico fulminante al trabajo de Mauricio: una solicitud formal de divorcio contencioso, el inventario detallado de bienes patrimoniales, un requerimiento legal para abandonar la vivienda privativa de Valeria en 1 plazo máximo de 48 horas, y una advertencia penal de que cualquier retiro de dinero de las cuentas mancomunadas sería denunciado como fraude.