PARTE 2: Era un labrador color caramelo, muy pequeño. Sus patas todavía eran demasiado grandes para su cuerpo. Su cola se movía sin parar. El cachorro parecía feliz, aunque estaba completamente solo. No tenía collar, no tenía casa y tampoco tenía miedo, porque los cachorros todavía no entienden lo que es el abandono. Caminaba de un lado a otro, olfateando todo, un papel, una piedra, una hoja seca que el viento movía por la calle, hasta que algo llamó su atención. Una niña, la pequeña Lupita, salía de su casa con una mochila casi tan grande como ella.
Iba camino a la escuela, pero cuando vio al cachorro se detuvo. El perro también se detuvo. Sus ojos se encontraron y en ese instante pasó algo muy simple. El cachorro movió la cola. Lupita soltó una pequeña risa. Hola. El perrito dio dos pasos hacia ella. torpes, curiosos. Lupita se agachó y cuando extendió su mano, el cachorro la lamió. Eso fue suficiente. Lupita lo levantó entre sus brazos como si fuera el tesoro más grande del mundo. El pequeño labrador apoyó su cabeza contra su pecho y cerró los ojos como si ya supiera que había encontrado un hogar.
Lupita corrió hacia la casa. Papá, papá. La puerta de la cocina estaba abierta. Adentro su padre estaba sentado frente a la mesa. Un hombre de rostro duro, cansado. Se llamaba Rogelio y no era precisamente conocido por su paciencia. Lupita entró corriendo. Papá, mira lo que encontré. Rogelio levantó la mirada lentamente. Primero vio a su hija, luego vio al cachorro y su expresión cambió de inmediato. No, Lupita parpadeó. No, ¿qué? Rogelio señaló al perro. Ese animal no se queda aquí.
El cachorro movía la cola sin entender nada. Lupita lo abrazó un poco más fuerte. Pero papá está solito. Rogelio suspiró. No tenemos espacio para perros. Yo lo cuido, no. Yo le doy de comer, no. La voz de Rogelio era seca, fría, como si el tema ya estuviera terminado. Pero Lupita no se rindió. Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas. Por favor. El cachorro miraba a Rogelio, movía la cola con esa confianza inocente que solo tienen los animales, como si pensara que ese hombre también iba a quererlo.
Rogelio lo observó en silencio unos segundos, luego volvió a suspirar. Está bien. Lupita abrió los ojos con sorpresa. Pero solo unos días. Gracias, papá. Lupita abrazó al cachorro con fuerza. El pequeño labrador comenzó a lamerle la cara y en ese momento Lupita tomó una decisión. Te llamarás Toby. El cachorro movió la cola con tanta fuerza que casi se le dobló el cuerpo. Para Toby, ese fue el inicio de su mundo. Una casa, una niña que lo abrazaba, un patio donde correr... SI TE INTERESA EL ARTÍCULO, POR FAVOR DALE “ME GUSTA” Y COMPARTE ESTA HISTORIA, Y PULSA “ BIEN ” SI QUIERES LEER LA HISTORIA COMPLETA. GRACIAS.