la calidad del sueño y la vitalidad diaria. En definitiva, la longevidad no se trata solo de la cantidad de años vividos, sino también de la calidad de esos años.
Un estilo de vida que incluya comidas equilibradas,
actividad física regular, relaciones sociales significativas y un manejo eficaz del estrés puede ayudar al cuerpo a mantenerse fuerte y adaptable. Al centrarse en hábitos saludables y constantes,
muchas personas pueden lograr una mayor independencia y bienestar a medida que envejecen.