NIÑO ENCUENTRA CABALLO ENCADENADO EN EL DESIERTO… PERO NO ERA UN CABALLO COMÚN…

“Todo comenzó con un niño de 12 años que no pudo ignorar el sufrimiento de un animal”, respondió Diego. “Y qué niño tan valiente. No era valentía, era amor. Y aún lo es. El tormenta, ahora con 14 años, comenzó a mostrar señales de edad avanzada para un caballo de competencia. Valentina tomó la difícil decisión de retirarlo de las competencias oficiales. “Se merece un final de vida tranquilo”, dijo ella con lágrimas en los ojos. Fue un gran campeón, coincidió Diego.

Ahora puede ser un gran maestro para los caballos más jóvenes. El retiro del tormenta se celebró con una fiesta en el rancho. Vinieron criadores y admiradores de caballos de todo el estado para homenajear al animal que se había convertido en símbolo de superación. Este caballo representa todo lo mejor en la relación entre humanos y animales”, dijo el presidente de la Federación de Ípica del Estado. Diego dio un discurso emotivo en la fiesta. “El tormenta me enseñó que el amor y la persistencia pueden curar cualquier herida.

Él estaba quebrado cuando nos conocimos y yo era solo un niño sin perspectiva. Juntos nos curamos y crecimos.” “Gracias, amigo, por haber cambiado mi vida.” El público se emocionó y muchas personas lloraron al escuchar las palabras sinceras de Diego. Esa noche, después de que todos los invitados se fueron, Diego se quedó solo con el Tormenta en el pastizal. “¿Todavía te acuerdas del día en que nos conocimos?”, preguntó Diego. El caballo apoyó la cabeza en el pecho de Diego como lo hacía hacía 5 años.

Yo me acuerdo de cada segundo. Estabas tan delgado, tan triste. Y mírate ahora. Fuerte, amado, respetado. Diego acarició al Tormenta por un largo rato, agradecido por todo el camino que habían compartido. Gracias por haber confiado en mí aquel primer día. Gracias por haberme permitido ser parte de tu vida. A los 17 años, Diego presentó el examen de admisión para veterinaria en la mejor universidad del estado. Quedó en primer lugar sorprendiéndose incluso a sí mismo. “Siempre supe que eras especial”, dijo Patricia cuando supieron del resultado.

“Voy a estudiar mucho para ser el mejor veterinario posible”, prometió Diego. “Ya eres el mejor cuidador de caballos que conozco. La universidad solo te dará el diploma para comprobarlo. Diego comenzó la facultad de veterinaria, pero seguía viviendo en el rancho y cuidando de los caballos en su tiempo libre. El tormenta se había convertido en su proyecto de estudio favorito. Documentaba todos los aspectos de la salud del caballo para su investigación de tesis. “Voy a escribir sobre rehabilitación psicológica de equinos traumatizados”, le contó Diego a Patricia.

“¿Y cuál será tu caso de estudio principal? El Tormenta, claro, su historia es perfecta para mostrar como el amor y la paciencia pueden curar traumas profundos. Durante los años de facultad, Diego se destacó como el mejor alumno de la clase. Sus profesores quedaban impresionados con el conocimiento práctico que ya poseía. “Este joven tiene un don natural para tratar con caballos”, comentó el profesor de clínica veterinaria. Rara vezo a alguien con tanta sensibilidad para entender a los animales.