Apenas 4 días después, San Marcos del Desierto despertó con el estruendo ensordecedor de los helicópteros artillados. Más de 80 elementos del ejército y fuerzas federales rodearon el palacio municipal y la opulenta hacienda de Hilario Garza. El intocable alcalde fue sacado en esposas, gritando amenazas y maldiciones, pero su poder de cartón se había esfumado ante el peso del gobierno federal.
El juicio se llevó a cabo 3 meses después, bajo estrictas medidas de seguridad. La sala estaba abarrotada de periodistas y campesinos. Elena, vestida con un traje sastre impecable de color oscuro, subió al estrado. Relató cada descubrimiento, cada amenaza sufrida, y finalmente, entregó el diario personal de Mateo.
En la mesa de los acusados no solo estaba Hilario Garza, sudando frío. Estaba Carmen, pálida, demacrada y temblando como una hoja.
El momento más impactante del juicio llegó cuando el fiscal federal proyectó el recibo bancario de los 3,000,000 de pesos en la pantalla gigante de la corte. Un murmullo de horror y asco recorrió a todos los presentes.
“Usted vendió la vida de su propia sangre, de su propio hermano”, le dijo el fiscal a Carmen, con una voz que resonó como un trueno en la inmensa sala. “¿Cuánto vale la vida de un hombre bueno para su propia familia, señora?”
Carmen se quebró por completo. Rompió en un llanto histérico, cayendo de rodillas, suplicando perdón a gritos, afirmando que Hilario la había obligado, que ella necesitaba el dinero, que jamás pensó que lo iban a asesinar. Pero las pruebas, las fechas y las firmas eran irrefutables. Hilario Garza fue sentenciado a 85 años de prisión en una cárcel federal de máxima seguridad por fraude, homicidio múltiple y delincuencia organizada. Carmen, por complicidad agravada y encubrimiento de homicidio, recibió una condena de 35 años sin derecho a fianza. El podrido imperio familiar se derrumbó hasta los cimientos.
Ese mismo día histórico, el juez federal reconoció oficialmente que las 12 hectáreas de roca pertenecían legítimamente a Elena. Pero reveló algo aún más impactante: los planos originales del gobierno demostraban que Hilario había bloqueado ilegalmente un canal de desvío de la presa principal que debía pasar exactamente por el Cañón de las Ánimas. Al restablecerse la legalidad y confiscar los bienes del ex alcalde, el gobierno abrió las compuertas correctas.