Julio Iglesias Paró de Cantar en Medio del Concierto — Había Visto a la Mujer Que Amó Hace 40 Años…

Isabel lo miró, sus ojos brillaban con lágrimas y lentamente se puso de pie. El guardia la guió hacia el escenario. Las personas en las primeras filas se apartaban, confundidas, susurrando. Isabel caminaba como en un sueño. Cada paso parecía costarle un esfuerzo enorme. Las escaleras del escenario, un paso, dos, tres, y ahí estaba, frente a Julio, a 2 m de distancia, bajo las luces que habían iluminado a reyes y presidentes. Pero Julio no veía las luces, no escuchaba al público, no sentía las cámaras.

Solo la veía a ella. Isabel, a los 18 años bailando en aquella fiesta de Madrid. Isabel riéndose de sus chistes tontos. Isabel besándolo por primera vez. Isabel diciéndole, “Perdóname.” Y desapareciendo para siempre. Todo estaba ahí. En sus ojos, los mismos ojos de siempre. “Hola, dijo Julio.” “Hola, respondió Isabel. Su voz, Dios, su voz más grave ahora marcada por los años.” Pero la misma voz que él había escuchado en sueños durante décadas, Julio dio un paso adelante. Isabel no retrocedió.

40 años, dijo Julio. 40 años, repitió ella. Te busqué, lo sé. Nunca te encontré. Lo sé. Silencio. 20,000 personas conteniendo la respiración. ¿Por qué viniste esta noche? Preguntó Julio. Isabel tardó en responder. Cuando lo hizo, su voz temblaba. Porque nunca pude ir a ninguno de tus conciertos. Durante 40 años escuché tus canciones en la radio, te vi en la televisión, leí sobrez revistas, pero nunca pude verte en persona. Me dolía demasiado. Hizo una pausa, pero este año cumplí 60 y me dije, “Ya es suficiente, ya pasó suficiente tiempo.

Puedo ir a verlo cantar una vez, solo una vez, sin que él sepa que estoy ahí.” Una lágrima cayó por su mejilla. No pensé que me iba a ver. Había 20,000 personas. ¿Cómo iba a verme a mí? Julio sonríó. Una sonrisa triste. Podría haber 100,000 personas. Te hubiera visto igual. El público empezó a aplaudir. Algunos lloraban sin saber exactamente por qué. Había algo en el aire, algo que todos sentían aunque no pudieran explicar. Julio levantó el micrófono, pero no habló al público, habló solo a ella.

Hace 40 años me dejaste en un hospital. Tenía las piernas rotas y el corazón roto y no sabía cuál dolía más. Isabel bajó la mirada. Pero quiero que sepas algo, continuó Julio. Todo lo que soy, todo lo que logré, empezó esa noche, la noche que te fuiste. Porque fue esa noche que agarré una guitarra por primera vez. Y fue pensando en vos que escribí mis primeras canciones. El estadio estaba en silencio absoluto. Así que gracias, Isabel. Gracias por romperme el corazón, porque de esos pedazos rotos nacieron 300 millones de discos.