Era una agonía que no tenía solución fácil. Los meses siguientes fueron más tranquilos. Los cuatro hermanos dejaron de intentar contactar a sus padres al menos directamente. En su lugar, cada uno había comenzado a hacer cambios genuinos en sus vidas, cambios que Carmen y Fernando eventualmente escucharían a través de conocidos mutuos y reportes de los medios. Daniel había cerrado su empresa y había comenzado a trabajar como consultor financiero para organizaciones sin fines de lucro, ayudando específicamente a fundaciones que apoyaban a ancianos.
No pagaba casi nada comparado con lo que solía ganar, pero le daba un sentido de propósito que el dinero nunca le había dado. Mónica continuaba trabajando en la clínica gratuita, atendiendo a familias pobres que no podían pagar atención médica. Vivía modestamente en un apartamento pequeño. Había vendido todas sus posesiones lujosas. Los fines de semana hacia voluntariado en asilos, pasando tiempo con ancianos que no tenían familiares que los visitaran. Sebastián había encontrado trabajo como maestro de arte en una escuela pública de un barrio pobre.
Enseñaba a niños que nunca habrían tenido acceso a educación artística de otra manera. También pintaba todavía, pero ahora donaba todas sus obras a subastas benéficas, nunca quedándose con el dinero para sí mismo. Gabriela trabajaba en construcción de viviendas de bajo costo, usando sus habilidades de arquitectura para diseñar casas dignas para familias que no podían pagar arquitectos caros. vivía en un apartamento modesto, conducía un auto viejo, había abandonado completamente el estilo de vida lujoso que una vez consideró esencial.
Carmen escuchaba estos reportes con sentimientos mezclados. Parte de ella se sentía orgullosa de que sus hijos finalmente estuvieran haciendo algo significativo con sus vidas. Pero otra parte, la parte que todavía sangraba por la traición, se preguntaba si estos cambios eran genuinos o simplemente otra forma de manipulación. Tal vez están tratando de ganarse nuestro perdón haciendo obras benéficas”, le dijo Carmen a Marcos un día durante una de sus charlas regulares. Tal vez concedió Marcos o tal vez finalmente están aprendiendo lo que usted y Fernando trataron de enseñarles toda su vida, que el valor de una persona no se mide en dinero, sino en cómo trata a otros, especialmente a los vulnerables.