Andrea, por favor, había suplicado Gabriela, trata de entender. Eduardo me presionaba. Yo tenía miedo de perder mi matrimonio. Tu matrimonio con un criminal, había respondido Andrea con frialdad. Un criminal que estafó a tu propio padre y en lugar de denunciarlo, en lugar de proteger a tus padres, te quedaste callada porque te convenía. No quiero volver a hablar contigo, mamá. No hasta que de verdad entiendas lo que hiciste. Y Andrea había cumplido su palabra. No contestaba llamadas, no respondía mensajes.
Gabriela había perdido no solo a sus padres, sino también a su hija. Los cuatro hermanos intentaron varias veces más contactar a Carmen y Fernando. Enviaron cartas, regalos, flores. Daniel incluso contrató a un mediador profesional para intentar facilitar una reconciliación, pero Carmen y Fernando se mantuvieron firmes en su decisión. No es sobre venganza le explicó Carmen a Marcos un día mientras tomaban café en la casa restaurada. No disfruto viendo a mis hijos sufrir, pero tampoco puedo fingir que somos una familia feliz.
Ellos tomaron decisiones que revelaron su verdadero carácter y yo tengo que protegerme emocionalmente. Si los dejo entrar de nuevo, me harán daño de nuevo. Tal vez no de la misma manera, pero me harán daño. Lo entiendo completamente, respondió Marcos, y creo que está tomando la decisión correcta. El perdón no significa restaurar una relación que era tóxica. A veces el perdón significa soltar y seguir adelante. Carmen asintió, lágrimas formándose en sus ojos. La parte más difícil es recordar cómo eran cuando eran pequeños.
Daniel era tan cariñoso, siempre quería ayudarme en la cocina. Mónica era tan protectora de sus hermanos menores. Sebastián era tan sensible, lloraba cuando veía animales heridos. Gabriela era tan dulce, siempre diciéndome que me amaba. ¿Dónde se fueron esos niños? ¿En qué momento el dinero y el éxito los corrompieron tanto? Tal vez nunca lo sabremos, dijo Marcos suavemente. Pero esos niños que usted recuerda, ellos hicieron sus propias elecciones cuando crecieron y esas elecciones tienen consecuencias. Pasó un año desde aquella noche terrible bajo la lluvia.