Y si puedo evitar que lo lamenten el resto de sus vidas, entonces eso es lo que voy a hacer. Esa noche Carmen durmió por primera vez en días. No fue un sueño profundo ni pacífico. Estaba lleno de pesadillas y sobresaltos, pero al menos estaba caliente, estaba seca y Fernando estaba vivo a su lado en la cama de hospital, respirando con ayuda de oxígeno, pero vivo. Al día siguiente, Marcos regresó tal como prometió. Venía acompañado de un abogado.
He estado pensando en su situación, dijo Marcos sin rodeos. Y tengo una propuesta. Durante la siguiente hora, Marcos explicó su plan. Él pagaría por las reparaciones de la casa de Carmen y Fernando. También pagaría por todos sus gastos médicos y les proporcionaría un estipendio mensual para vivir cómodamente. No era caridad, explicó. Consideraba que era inversión en justicia, pero había más. Marcos quería enviar un mensaje a los hijos de Carmen y Fernando y tenía los medios y los contactos para hacerlo.
Con su permiso, dijo Marcos mirando a Carmen y Fernando seriamente. Me gustaría investigar la situación financiera de sus hijos y me gustaría hacer pública su historia, no para venganza, sino para justicia, para que otras familias vean lo que puede suceder cuando el éxito y el dinero corrompen los valores fundamentales. Carmen y Fernando se miraron. Parte de ellos todavía amaba a sus hijos. Todavía esperaba que todo esto fuera una pesadilla de la que despertarían. Pero otra parte, la parte que había caminado durante horas bajo la lluvia siendo rechazada una y otra vez.
Esa parte quería justicia. Haga lo que tenga que hacer”, dijo Fernando con voz débil pero firme. “Nuestros hijos nos abandonaron. Es hora de que enfrenten las consecuencias de sus acciones. Lo que Marcos descubrió en su investigación dejó a todos en shock, incluyendo a Carmen y Fernando. Daniel, el hijo mayor, no solo tenía un negocio próspero, tenía tres negocios prósperos. Era millonario varias veces. Vivía en un lujo obseno mientras sus padres habían estado luchando por pagar medicamentos. Mónica, la doctora, ganaba más de $30,000 al mes solo de su clínica, sin contar sus otros ingresos por conferencias y publicaciones.
Su penthouse había costado ,200,000. tenía dos autos de lujo. Gastaba más en ropa en un mes de lo que sus padres gastaban en comida en un año. Sebastián, el artista en apuros, resultó que sus pinturas se vendían por sumas exorbitantes. Una de sus obras había sido vendida recientemente por 500,000. Su apartamento modesto valía más de un millón. tenía más dinero en el banco de lo que sus padres habían ganado en toda su vida combinada. Y Gabriela, la arquitecta, era socia en una firma que manejaba proyectos de millones de dólares.