Hijos echan a sus padres bajo la lluvia… pero el anciano escondía una herencia millonaria…

“Humo, Fernando!”, gritó sacudiendo a su esposo. “¡Hay humo! La casa está en llamas. Se levantaron tan rápido como sus cuerpos ancianos les permitieron. El humo venía de la cocina y cuando llegaron ahí vieron llamas saliendo de uno de los gabinetes. Carmen corrió al teléfono para llamar a los bomberos mientras Fernando intentaba apagar el fuego con un extintor viejo que apenas funcionaba. Los bomberos llegaron en 15 minutos, pero el daño ya estaba hecho. La cocina estaba destruida. El humo había dañado gran parte de la sala y los bomberos dijeron que la casa no era habitable en ese estado.

Necesitaba reparaciones extensas que costarían al menos $50,000. $50,000 que Carmen y Fernando no tenían. El jefe de bomberos les explicó que el fuego había comenzado por un cortocircuito en el cableado viejo de la cocina. Era un accidente, pero uno que había dejado a Carmen y Fernando sin hogar esa noche. ¿Tienen familia que pueda alojarlos mientras reparan la casa? Preguntó el jefe de bomberos con preocupación genuina. Carmen y Fernando se miraron. Técnicamente tenían cuatro hijos, pero después de lo que había pasado solo horas antes, después de que sus propios hijos los habían desconocido, ¿podían realmente pedirles ayuda?

Intentaremos llamarlos”, dijo Carmen sin convicción. Los bomberos se fueron después de asegurarse de que la estructura de la casa era segura y que no había riesgo de más incendios. Carmen y Fernando se quedaron parados en su jardín delantero a las 4 de la mañana, viendo su casa dañada sin saber qué hacer. Carmen llamó a Daniel. El teléfono sonó y sonó hasta que fue a buzón de voz. Llamó a Mónica. Lo mismo. Sebastián no contestó. Gabriela tampoco. Intentó enviar mensajes de texto explicando la emergencia, la casa en llamas, que necesitaban un lugar donde quedarse aunque fuera por una noche.

Nada. Silencio absoluto de los cuatro. Finalmente, a las 5 de la mañana comenzó a llover. No una lluvia suave, sino una tormenta torrencial, como si el cielo mismo estuviera llorando por la tragedia de Carmen y Fernando. “No podemos quedarnos aquí bajo la lluvia”, dijo Fernando tosiendo por el humo que había inhalado. “Vamos a enfermarnos. ¿A dónde vamos a ir?”, preguntó Carmen, sintiendo la desesperación total, apoderándose de ella. “No tenemos dinero para un hotel. Nuestros hijos no contestan.