“Si hablas, te destruyes. Te quedas sin casa, sin apellido, sin nada”.
Juan apretó los puños.
“Prefiero nada que esto”.
Ernesto lo miró con desprecio.
“Eres débil”.
Juan respondió con un hilo de voz firme:
“Débil fui cuando falsifiqué la firma de Valeria”.
Sentí un golpe en el pecho. Decirlo en voz alta lo hacía real y definitivo. Ramírez tomó nota. Dora gritó:
“Eso no cuenta. Él estaba presionado”.
Alejandra la cortó.
“Presión no borra responsabilidad”.
Yo miré a Juan.
“Lo dirás todo”.
Juan tragó saliva.
“Sí”.
Dora se quedó rígida.