“Eso es mentira”.
Julián no se inmutó.
“Tengo mensajes”.
Alejandra pidió verlos. Julián conectó el USB en su computadora. Aparecieron capturas: conversaciones donde Ernesto hablaba de “la chica”, de “la suegra”, de “el rancho quedará en familia”.
Sentí mareo.
“Juan, ¿tú sabías?”
Juan lloró.
“Yo no. Te lo juro”.
Pero su juramento ya no me alcanzaba.
Mi madre me abrazó y su abrazo fue pared.
“Hija, mírame. Tú no eres un plan, eres mi hija”.
Yo asentí llorando.
Alejandra guardó copias del USB.
“Con esto podemos pedir medidas y abrir investigación formal por fraude y coacción”.
Julián nos miró con cansancio.
“Y por algo más. Dora tiene otro documento guardado, uno que puede anular parte del matrimonio si lo usa”.
Sentí que el suelo se partía otra vez.
“¿Anular?”, repetí.
Juan se quedó blanco.
Julián explicó: