Los hombros de Tracy temblaban mientras lloraba. Quería hablar más, suplicar más, forzar el corazón de Joy a ablandarse. Pero Joy no se movió. No la insultó. Simplemente se quedó allí, fuerte y callada, como una puerta que nunca volvería a abrirse.
Por fin Tracy se levantó despacio, se secó la cara y asintió como alguien que acepta un castigo. Miró a Joy una última vez, llena de arrepentimiento, luego se dio la vuelta y se alejó del complejo, triste y vacía.
Joy la vio marcharse. Las lágrimas volvieron a entrar en sus ojos, pero no la llamó de vuelta.
Porque el perdón no siempre significa acceso.
Y algunas amistades deben terminar para proteger un buen corazón.
Joy continuó su vida tranquilamente en el pueblo, usando la olla blanca solo para ayudar a quienes realmente la necesitaban. Pagó las tasas escolares de los niños que estaban a punto de abandonar los estudios. Ayudó a los enfermos a comprar medicinas. Apoyaba a viudas y ancianos con comida y alquiler. Nunca se lució. Nunca hacía ruido. Recordó la advertencia y mantuvo el corazón limpio.
Un día, la noticia se difundió por el pueblo de que el príncipe había regresado a casa desde el extranjero. Había oído historias sobre una joven del pueblo que ayudaba a personas sin orgullo, que cambiaba vidas en silencio. Curioso, el príncipe pidió reunirse con ella.
Cuando Joy se lo contó, se quedó impactada y asustada. Pero desde el primer día que se conocieron, algo tierno ocurrió entre ellos. No había orgullo, ni fuerza—solo paz. Hablaban como dos personas que se conocían desde hace mucho tiempo.
El príncipe admiraba su bondad y sabiduría. Joy admiraba su humildad y espíritu tranquilo.
Desde ese primer encuentro, el amor creció de forma natural entre ellos.
A los pocos días de su amistad, el príncipe habló con claridad.
"Joy, he visto a muchas mujeres, pero nunca he visto un corazón como el tuyo. ¿Quieres casarte conmigo?"
Los ojos de Joy se llenaron de lágrimas—no de miedo, sino de gratitud.
Ella asintió con una sonrisa. "Sí. Me casaré contigo."
Pero lejos, Tracy escuchó la noticia.
En el momento en que supo que Joy iba a casarse con el príncipe, la ira la invadió como veneno.
"¿Alegría otra vez?" gritó. "Siempre consigue lo mejor. ¿Quién demonios es ella? Ese príncipe es mío."
Su corazón ardía de celos. "Ella cogió dinero. Ella respetaba. Ahora quiere llevarse a mi hombre también."
Cegada por el odio, acudió a un médico nativo en lo profundo del bosque. Le contó todo y exigió un amuleto para destruir a Alegría.
The man looked at her carefully and said, “This path is dangerous. If you take this charm, don’t look back. Even if someone calls your name, don’t turn. If you do, your life will change forever.”
Tracy nodded quickly. “I won’t look back. Just give it to me.”
The man gave her the charm, and Tracy left with her heart full of darkness.
As she walked through the bush path, fear and excitement mixed inside her. Suddenly, she heard a male voice behind her.
“Tracy, how are you doing today?”
Her heart jumped, but she remembered the warning. She did not look back.
Then the voice came again, softer, sweeter.