Estaba sirviendo la cena en mi propia casa cuando mi hija Carmen gritó bien fuerte delante de todos:

Carmen nunca preguntó.

Para ella, el dinero “simplemente aparecía”.

Cuando quiso estudiar en una universidad privada, pagué.
Cuando quiso boda grande, pagué.
Cuando Alejandro “necesitó” capital para su negocio, presté.
Cuando la pandemia golpeó, sostuve la casa entera sin decir nada.