Diego se aferró a ella y Carmen sintió su cuerpo tembloroso. Le susurró que todo iba a estar bien, que la verdad vencería, que estarían juntos. Pero mientras caminaban hacia la parada del metro para ir al tribunal, Diego apretaba en el bolsillo de su chaqueta un trozo de papel, una hoja doblada con una verdad escrita encima. que tenía el poder de destruirlo todo. La sala del Tribunal Provincial de Madrid era imponente. Paredes de madera oscura, bancos macizos, una atmósfera de solemnidad que aplastaba a Carmen mientras entraba.
Empleada Doméstica Acusada Por Un Millonario Fue Al Tribunal Sin Abogado —Hasta Que Su Hijo Confesó…