EL MILLONARIO SE ESCONDIÓ EN EL SÓTANO — DESCUBRIÓ POR QUÉ SU HIJO LISIADO GRITABA CADA MADRUGADA…

Este era un joven fuerte, resiliente, lleno de vida. Patricia se acercó a Ricardo y tomó su mano. ¿En qué piensas?, le preguntó. En lo lejos que hemos llegado, en lo cerca que estuvimos de perderlo, en lo agradecido que estoy de haberlo encontrado esa noche, salvaste a tu hijo. Patricia dijo suavemente, lo rescataste. Llegué tarde. Ricardo respondió. Debía haberme dado cuenta antes. Debía haber visto las señales. Te diste cuenta cuando importaba. Eso es lo que cuenta. Esa noche después de que todos los invitados se fueron, después de que Miguel se fue a dormir exhausto pero feliz, Ricardo se sentó en su estudio y abrió su computadora.

Había estado considerando esto durante meses, discutiéndolo con Patricia, con su terapeuta, con Miguel. Ahora sentía que era el momento correcto. Creó un documento nuevo y comenzó a escribir. El documento se convirtió en un plan. El plan se convirtió en una fundación. La fundación Elena Salazar, nombrada en honor a su primera esposa, tendría como misión ayudar a niños con discapacidades que estaban en situaciones de abuso o negligencia. proporcionarían recursos legales, terapia, atención médica, todo gratis. Trabajarían con servicios sociales para identificar casos de riesgo.

Entrenarían a maestros y profesionales médicos para reconocer señales de abuso y crearían refugios seguros donde niños como Miguel pudieran estar protegidos mientras sus casos se resolvían. Ricardo comprometió 10 millones de pesos de su propia fortuna como fondo inicial. Contactó a amigos empresarios, a contactos en el gobierno, a organizaciones sin fines de lucro. En 6 meses la fundación estaba operativa. En un año habían ayudado a 50 niños. En 2 años ese número había crecido a 200. Miguel se involucró también.