Y la tierra seguía ahí. La misma tierra que quisieron robar, la misma que Carmen se negó a dejar, la misma donde la encerraron, la misma donde su hijo la encontró, la misma donde ahora vivían los tres juntos con la puerta abierta y un perro canela que por fin dormía tranquilo. Rodrigo miró la casa de su madre, las ventanas abiertas, el humo saliendo de la cocina, el olor a tortillas y pensó que su madre tenía razón. siempre tuvo razón.
La tierra no vale por lo que cuesta, vale por lo que uno aguanta para no perderla. Dicen que la bondad de una persona se mide por lo que da sin esperar nada a cambio, pero yo creo que se mide por otra cosa. Se mide por lo que aguanta antes de dejar de creer en la gente. Doña Carmen aguantó 8 meses en la oscuridad, encerrada por las mismas personas que ella crió con sus manos. Y cuando salió, no salió con odio.
Salió a regar su hortaliza, a hacer sus tortillas y a enseñarle a una niña que el mundo todavía tiene cosas buenas. Si eso no es fuerza, yo no sé qué es. ¿Y tú qué habrías hecho en el lugar de Rodrigo? ¿Habrías perdonado o habrías hecho lo mismo? Déjamelo en los comentarios.