La puerta se cerró con un clic suave, pero definitivo, como el sonido de una nueva vida comenzando. Apartamento de Damián y Rut Pedralves. 19:45 de la tarde. El apartamento de dos habitaciones en Pedralves olía a champán barato y a sueños rotos.
Ruth había intentado crear un ambiente romántico con velas color marfil y pétalos de rosa esparcidos por el suelo, pero la realidad de su nueva situación económica había convertido la celebración en una farsa agridulce.
Las copas eran de cristal corriente, no de bacarat como había soñado. Y el champán era un caba del Mercadona, no el don periñón que había imaginado para su noche de bodas.
Damián permanecía sentado en el sofá color gris antrasita, todavía con la camisa arrugada de la mañana, contemplando su móvil con expresión sombría. Las facturas se acumulaban en la mesa de café, alquiler, luz, agua, internet, gastos que antes parecían insignificantes cuando creía que tenía una empresa próspera, pero que ahora se alzaban como montañas amenazantes.
“¿Vas a seguir ahí sentado toda la noche?”, preguntó Ru desde la cocina americana. donde intentaba preparar una cena romántica con los escasos ingredientes que habían encontrado en la nevera. “Se supone que este es nuestro día especial.” “Epecial.” Damián alzó la vista.
“Rut, ¿te das cuenta de lo que ha pasado hoy? No tengo nada, absolutamente nada. Soy un empleado de mi exmujer.” Ruth se acercó con dos platos de pasta con salsa de tomate, intentando mantener una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
“Pero seguimos juntos. Eso es lo que importa, ¿no? El amor puede con todo. Antes de que Damián pudiera responder, el timbre de la puerta sonó con insistencia. Tres toques largos seguidos de otros tres.
Ru frunció el seño y se dirigió al telefonillo. ¿Quién es? Servicio de mensajería urgente. Certificado para Damián Hurtado y Ruth Díaz. Ruth intercambió una mirada inquieta con Damián, quien les enviaría correspondencia certificada el día de su boda.
“Sube”, dijo pulsando el botón. 5 minutos después, un mensajero uniformado les entregaba un sobre acolchado color manila con el logo de la gestoría de Elena Ruiz. Damián firmó el recibo con manos temblorosas, presintiendo que lo que fuera que contenía ese sobre no iba a mejorar su día.
Una vez solos rasgó el sobre con cuidado. Dentro había un informe de 12 páginas encuaderno, en espiral con una nota manuscrita de Elena en la primera página. Damián, Cristina me pidió que te entregara esto antes de las 8.
Necesitamos hablar mañana a primera hora. Elena Ruth se acercó por detrás, leyendo por encima del hombro de él. ¿Qué es eso? Damián pasó la primera página y comenzó a leer.
Con cada línea su rostro se volvía más pálido. Las transferencias, los gastos, las facturas, todo estaba ahí documentado con precisión quirúrgica, fechas, cantidades, conceptos, cada euro que había tomado prestado de la empresa durante los últimos 8 meses.
“Oh, Dios mío”, murmuró. Ruth le arrebató el documento de las manos y comenzó a leer en voz alta. Transferencia a cuenta de Ru Díaz Moreno, 5625 € Concepto no especificado.
Su voz se fue debilitando mientras avanzaba. Factura joyería Suñer 3,200 € Concepto: Pulsera oro Blanco con diamantes. Miró a Damián con horror creciente. Gastos apartamento a vinguda diagonal 2800 € mensuales durante 8 meses.
Damián se hundió más en el sofá, como si el cuero pudiera tragárselo entero. Lo sé, lo sé todo, pero esto es esto es robo. Rut agitaba las páginas frenéticamente. ¿Cómo pudiste hacer esto sin decírmelo?
Sin decírtelo? Damián la miró con incredulidad. Ruth, tú sabías perfectamente de dónde venía el dinero. ¿Creías que yo tenía una mina de oro escondida? Yo creía que eras el dueño de la empresa.
Me dijiste que todo era tuyo y yo creía que lo era. Damián se puso de pie comenzando a caminar en círculos. Hasta esta mañana yo también creía que era mi empresa, pero resulta que durante todos estos años he sido solo un empleado con acceso a la caja fuerte.
Ru siguió leyendo, su voz cada vez más aguda. Total de fondos desviados, 79,847 €. Según el artículo 252 del Código Penal Español, la apropiación indebida de cantidades superiores a 50,000 € constituye delito grave.