Esto ha sido un error desde el principio. Yo creí que estaba ganando la lotería contigo, pero resulta que me he casado con un mentiroso en banca rota. Damián sintió como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago.
Pero acabamos de casarnos. Ayer dijiste que me amabas. Ayer creía que eras otra persona. Ru cerró la maleta con un golpe seco. La persona de la que me enamoré no existe.
Era solo un personaje que interpretaste muy bien durante 8 meses. ¿Y a dónde vas a ir? Ru se colgó el bolso del hombro y agarró la maleta a casa de mi hermana hasta que pueda reorganizar mi vida, hasta que pueda encontrar trabajo y olvidar esta pesadilla.
Ruth, por favor, podemos salir adelante. Podemos buscar la manera. Ella se detuvo en el umbral de la puerta del dormitorio. ¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y Cristina Damián?
Ella construyó algo real. Tú solo supiste vivir de mentiras. Hizo una pausa y yo fui lo suficientemente tonta como para creer en esas mentiras. Esto es definitivo. Ru lo miró por última vez y en sus ojos había algo parecido al desprecio, tan definitivo como nuestro divorcio de ayer.
Solo que esta vez yo soy la que se va con dignidad. La puerta se cerró con un clic suave, pero final. Damián se quedó solo en el apartamento, rodeado de los restos de una vida que había resultado ser un espejismo.
Las velas consumidas, las copas vacías, los pétalos de rosa ya marchitos en el suelo. Su móvil vibró. Un mensaje de Elena. Damián, empezamos el lunes con el nuevo sistema de gestión.
No llegues tarde. Tu futuro depende de tu puntualidad. Se dirigió a la ventana y observó la ciudad que se extendía bajo sus pies. Desde allí arriba, Barcelona seguía viéndose hermosa y llena de posibilidades, pero él ya no formaba parte de esas posibilidades.
Ahora era solo un hombre de 36 años, divorciado, abandonado y en deuda con la única persona que había sido sincera con él desde el principio. En algún lugar de esa misma ciudad, Cristina preparaba la habitación de su hijo con la tranquila seguridad de quien había apostado por la verdad y había ganado completamente.
Apartamento de Pedralves tres semanas después. La soledad tenía sabor a café frío y olor a pizza de ayer. Damián se despertó en el sofá por 15inta mañana consecutiva con el cuello rígido y la certeza de que otro día de humillación le esperaba.
El apartamento que una vez había sido su refugio de soltero elegante, ahora parecía un mausoleo de sus ambiciones fracasadas. Las facturas se acumulaban en la mesa como testimonios de una vida que ya no podía permitirse.
100 € de alquiler, 300 de gastos comunitarios, 200 de luz y gas sin contar comida, transporte, teléfono. Su nuevo salario de 1500 € se evaporaba antes de llegar a sus manos como agua en el desierto.
Su móvil sonó. Era Miguel Santos, su exabogado, pero ahora la voz al otro lado del teléfono sonaba distante, profesionalmente cortés. Damián, tengo noticias sobre el apartamento de la diagonal. El propietario ha decidido no renovar el contrato.
Al parecer se enteró de que se usaba para fines no comerciales. ¿Cómo se enteró? Recibió una llamada anónima con información muy detallada sobre las actividades que se desarrollaban allí. Alguien le envió incluso fotografías.
Damián no necesitaba preguntar quién había hecho esa llamada. Cristina estaba cerrando meticulosamente todos los frentes, cortando una a una las conexiones con su vida pasada. ¿Hay algo más? Sí. Los proveedores de la obra de Sarria han empezado a preguntarme por los pagos.
Al parecer hay facturas pendientes de aprobación que necesitan tu visto bueno. Perdón, el visto bueno de Cristina. Damián cerró los ojos. Incluso sus antiguos contactos profesionales habían comenzado a tratarlo como un intermediario, no como el decisor que creía ser.