—No sobrevivimos a los secretos —dije—. Pero podríamos sobrevivir a esto, si eres sincero.
Él asintió entre lágrimas.Esa noche, mientras nos dormíamos bajo el mismo techo por primera vez sin mensajes ocultos ni pantallas bloqueadas, escuché atentamente su respiración.
No había ningún zumbido.
Sin risas.
Sólo el frágil sonido de dos personas despiertas en la oscuridad, enfrentándose finalmente juntos a la verdad.