—Usted no va a quedarse aquí esta noche.
Vi entonces a Camila comprender algo.
No estaba entrando en un hogar compartido…
Sino en una escena preparada para su caída.
Bajó la mirada hacia Mateo.
Lo tomó en brazos.
Y, casi en un susurro, dijo:
—Fernando… ¿tú no dijiste que esto estaba hablado?
Él no respondió.
Me bastó su silencio.
Confirmó lo que ya intuía:
A ella también la había engañado.
No la absolví por estar allí.
Pero entendí que su papel no era el que él había querido vender.
Le expliqué lo justo.
Que seguíamos casados legalmente.
Que él había usado dinero de la empresa para sostener otro piso.
Que la auditoría incluía alquileres, gasolina, compras de bebé, hoteles y retiradas en efectivo imposibles de justificar.
Que yo podía denunciarlo por apropiación indebida y administración desleal…