Era domingo por la mañana y Miguel tomaba café sentado en el patio. Observaba a Canela, cuyo pelaje color caramelo ahora brillaba saludable bajo el sol. Ya no quedaba rastro de aquella perra desconfiada y herida que luchaba por sobrevivir. Sus ojos, antes temerosos, ahora mostraban tranquilidad. “Pareces feliz hoy”, dijo Lupita, saliendo al patio con su propia taza de café. Pensando en la ceremonia, Miguel asintió. Esa tarde recibiría el premio Corazón Bondadoso de la Asociación Protectora de Animales de Ciudad Juárez en una ceremonia en el parque central Hermanos Escobar.
Nunca pensé que por detenerme en la carretera terminaría recibiendo un premio”, respondió Miguel. “Aún no entiendo por qué tanto alboroto.” Lupita se sentó junto a él y tomó su mano. “¿Por qué cambiaste vidas, Miguel? No solo la de Canela y sus cachorros. Mira todo lo que ha pasado este año. Canelo, ya convertido en un perro joven, fuerte y juguetón, se acercó con una pelota en la boca, invitándolos a jugar. Su parecido con Canela era sorprendente, excepto por una mancha blanca en su pecho que lo hacía único.
Miguel lanzó la pelota al otro lado del patio y sonrió al ver a Canelo correr tras ella. “¿A qué hora vendrán todos?”, preguntó. “Al mediodía, respondió Lupita antes de ir a la ceremonia. Sofía está muy emocionada por reunir a todos los hermanos. Habían organizado un pequeño reencuentro de canela con todos sus cachorros antes de la ceremonia. Cada familia adoptante traería a su perro para celebrar el aniversario del rescate. Lupita entró a la casa para preparar algunas botanas para los invitados.
Ahora trabajaba medio tiempo en la clínica animal El Paso, ayudando al Dr. Vega con los animales rescatados. El resto del tiempo lo dedicaba a dar charlas en escuela sobre el cuidado responsable de mascotas, una actividad que surgió a partir del exitoso proyecto de Doña Carmen. El timbre sonó a las 12 en punto. Sofía fue la primera en llegar con Pinto, quien había crecido fuerte y saludable. Buenos días, saludó la niña alegremente. Pinto no durmió anoche de la emoción.
Creo que sabía que vería a su familia hoy. Don Ernesto venía detrás sosteniendo una bandeja cubierta. Lupita Miguel saludó con un asentimiento formal. Trajimos pastel para celebrar. Gracias, don Ernesto. Sonrió Lupita. Pasen al patio. Canela y Canelo ya están afuera. El cambio en don Ernesto durante este año había sido notable. no solo había aceptado a Pinto en su vida, sino que ahora era miembro activo de un grupo de propietarios de mascotas del barrio que se reunían mensualmente en el parque.
Minutos después llegaron doña Carmen con Luna y el doctor Vega con su familia y Nube. Los perros se reconocieron inmediatamente. Canela olfateó a cada uno de sus hijos moviendo la cola con entusiasmo. Es increíble como recuerdan, comentó doña Carmen. Han pasado meses desde la última vez que se vieron. Los perros nunca olvidan a su familia, dijo el doctor Vega, observando como Luna y Nube jugaban con Canelo y Pinto. Sus sentidos están muy conectados con sus recuerdos. Gabriela Torres llegó última con Coco, quien entró corriendo al patio y se unió inmediatamente al juego.
“Perdón por la tardanza”, se disculpó la reportera. Estaba terminando el artículo especial para mañana sobre el premio y el aniversario del rescate. Todos se sentaron en el patio compartiendo historias sobre sus perros mientras estos corrían y jugaban juntos como si nunca se hubieran separado. “Luna se graduó del curso básico de obediencia”, contó doña Carmen con orgullo. “Ahora estamos en el intermedio. Nube es la consentida de la clínica”, sonrió el doctor Vega. Todos los pacientes se calman cuando ella se acerca.
Pinto encontró mi reloj perdido la semana pasada”, dijo Sofía. Lo había buscado por todos lados, pero él lo encontró debajo del sofá. “Es muy inteligente. Coco corre conmigo todas las mañanas”, añadió Gabriela. “Tiene tanta energía que necesita ejercicio diario.” Miguel observaba la escena con una sonrisa tranquila. Recordaba cuando todos eran pequeñitos, cabían en una caja de cartón y dependían completamente de canela. Ahora eran perros adultos felices en sus hogares. “Por cierto”, dijo Gabriela sacando su teléfono. “Recibí un mensaje del asistente del alcalde esta mañana.
Quiere hablar contigo antes de la ceremonia, Miguel. Parece que tienen una sorpresa. Una sorpresa ya es suficiente con el premio respondió Miguel incómodo con tanta atención. El proyecto escolar también recibió un reconocimiento nacional, comentó doña Carmen. Lo anunciarán oficialmente la próxima semana, pero ya es oficial. Quieren replicar nuestro modelo en escuelas de todo México. Todo esto por una perra en la carretera”, murmuró Miguel mirando a Canela, quien descansaba tranquila vigilando a sus hijos jugar. A las 3 de la tarde todos se dirigieron al parque central Hermanos Escobar para la ceremonia.
Habían decorado una sección del parque con sillas, un podio y carteles con fotos de canela y su historia. Para sorpresa de Miguel y Lupita, más de 200 personas estaban ya esperando. “Miren cuánta gente”, exclamó Sofía emocionada. “Todos vinieron a ver a Canela. Entre la multitud había muchas caras conocidas. Los niños del proyecto escolar con sus padres, vecinos del edificio Mirador, trabajadores de la clínica animal El Paso y muchas personas que habían seguido la historia a través de los artículos de Gabriela.
El alcalde de Ciudad Juárez, un hombre de mediana edad con traje formal, se acercó a saludarlos. “Señor Ángeles, es un placer conocerlo finalmente”, dijo estrechando la mano de Miguel. “Su historia ha inspirado a nuestra ciudad. Miguel, vestido con su mejor camisa y nervioso por toda la atención, asintió respetuosamente. Gracias, señor alcalde, pero Canela es la verdadera heroína. El alcalde sonrió y se agachó para acariciar a Canela, quien aceptó el gesto con dignidad. Lo sé, por eso hemos preparado algo especial hoy.
La ceremonia comenzó con un discurso de la presidenta de la Asociación Protectora de Animales, quien contó brevemente la historia de Canela y cómo había inspirado a tantas personas en Ciudad Juárez. Luego, varios niños del proyecto escolar leyeron poemas y cuentos que habían escrito sobre la valiente perra y su rescatador. Cuando llegó el momento de entregar el premio, Miguel fue llamado al podio. Con nerviosismo se levantó y caminó hacia el frente con canela siguiéndolo fielmente. Hace un año, comenzó Miguel mirando el papel donde había escrito algunas notas.