Cuando la lealtad se convierte en una carga… pero no se detiene.

El dueño es mi tío”, explicó el joven que entregó las cosas. Dice que pueden pasar por la tienda cuando necesiten más. Les dará descuento especial. Incluso recibieron una llamada del asistente del alcalde de Ciudad Juárez, quien quería conocer más sobre el proyecto escolar para posiblemente replicarlo en otras escuelas. En medio de todo este alboroto, don Ernesto apareció en la puerta del apartamento. Su expresión era una mezcla de sorpresa y vergüenza. “Señor y señor Ángeles”, dijo formalmente. “Parece que son celebridades locales ahora.” No era nuestra intención causar tanto revuelo, respondió Miguel.

“Solo queríamos contar la historia de Canela”. Don Ernesto carraspeó incómodamente. He recibido siete llamadas hoy, cinco de ellas de personas que quieren saber si tengo otros apartamentos disponibles porque les gustaría vivir en un edificio con valores humanos. Como dijo una señora. Lupita no pudo evitar sonreír. Lo sentimos si esto le ha causado molestias. No son molestias, respondió don Ernesto, sorprendiéndolos. De hecho, he estado pensando hizo una pausa y ajustó sus gafas. El apartamento 1 C en el primer piso está desocupado desde hace dos meses.

Es más grande que este y tiene un pequeño patio. Tal vez les interese. Miguel y Lupita se miraron confundidos. ¿Nos está ofreciendo otro apartamento?, preguntó Miguel. Con permiso para tener mascotas”, añadió don Ernesto temporalmente, por supuesto, hasta que los cachorros encuentren hogares. “No entiendo,” dijo Lupita. “Hace tres semanas quería que sacáramos a los perros o nos mudáramos.” Don Ernesto miró hacia la sala donde Canela observaba toda la conversación con sus ojos atentos. Las circunstancias cambian dijo simplemente.

Addemás Sofía no me perdonaría si los obligara a irse ahora. Está muy encariñada con Pinto. Muchas gracias, don Ernesto, dijo Miguel extendiéndole la mano. Aceptamos su oferta. Bien, asintió don Ernesto estrechando la mano de Miguel. Podemos hablar de los detalles mañana. El alquiler sería el mismo, solo necesitaríamos actualizar el contrato. Cuando don Ernesto se fue, Miguel y Lupita se abrazaron aún sin poder creer todo lo que estaba sucediendo. “Es increíble”, dijo Lupita. Un artículo en el periódico cambió todo.

Miguel se sentó en el sofá con Canela apoyando su cabeza en su rodilla. “No fue solo el artículo”, dijo acariciando el pelaje de canela. “Fue toda la cadena de eventos. Si no me hubiera detenido ese día en la carretera, si tú no hubieras aceptado traerlos, si Sofía no hubiera descubierto a los cachorros, si doña Carmen no hubiera creado el proyecto, si Canela no hubiera luchado por salvar a sus bebés, completó Lupita sentándose junto a él. El teléfono sonó nuevamente.

Era Gabriela Torres. ¿Han visto el periódico?, preguntó emocionada. La respuesta ha sido increíble. Mi editor dice que es una de las historias más compartidas que hemos tenido. La gente está llamando a la redacción preguntando cómo puede ayudar. No sabemos cómo agradecerte, dijo Lupita. Has cambiado nuestras vidas con tu artículo. Son ustedes quienes están cambiando vidas, respondió Gabriela. Por cierto, he estado pensando, me encantaría adoptar a Coco cuando esté listo. Me conquistó con su energía cuando lo conocí.

Después de colgar, Miguel miró a Lupita. Parece que ya tenemos hogar para cuatro cachorros. Nube con la familia del doctor Vega, Pinto con Sofía y don Ernesto, Luna con doña Carmen y ahora Coco con Gabriela. Solo queda Canelo”, dijo Lupita mirando al cachorro más parecido a su madre. Aunque no sé si quiero que se vaya. Miguel sonríó. Yo estaba pensando lo mismo. Tal vez podríamos quedarnos con Canela y Canelo, ahora que tendremos un apartamento más grande con patio.

Lupita apoyó su cabeza en el hombro de Miguel, observando a la familia de perros que había cambiado sus vidas. Nuestra familia ha crecido”, dijo suavemente. Y todo gracias a una perra valiente que no se dio por vencida. La vida en el edificio mirador había cambiado completamente desde la publicación del artículo En el diario de Juárez. Miguel y Lupita ahora vivían en el apartamento 1C del primer piso, un lugar más espacioso que incluía un pequeño patio donde Canela y sus cachorros podían jugar.

La mudanza había sido fácil con tantas personas dispuestas a ayudar. Los padres de los niños del proyecto escolar, algunos vecinos e incluso don Ernesto cargó algunas cajas. Los cachorros ya tenían casi 10 semanas y corrían por toda la casa jugando y ladrando. Eran mucho más grandes que cuando Miguel los encontró en aquella caja en la carretera. Cada uno mostraba claramente su personalidad. Coco era el más juguetón, siempre persiguiendo pelotas. Luna era tranquila y le gustaba acurrucarse en el regazo de las personas.

Pinto exploraba cada rincón con curiosidad. Nube era tímida, pero cariñosa, una vez que tomaba confianza. Y Canelo, el más parecido a su madre, era valiente y protector. Era sábado por la mañana y el apartamento estaba lleno de actividad. Los estudiantes de doña Carmen habían organizado un día de adopción para los cachorros. Todo el salón participaba. Unos recibían a las familias interesadas. Otros mostraban los carteles que habían creado con información sobre cada cachorro y algunos ayudaban a Lupita a mantener limpio el espacio.

Los carteles eran coloridos y detallados con fotografías y datos específicos. Coco, juguetón y enérgico. Le encanta perseguir pelotas y aprender trucos nuevos. Necesita una familia activa que juegue con él. Luna, tranquila y afectuosa. Disfruta acurrucarse y escuchar cuentos. Perfecta para una familia relajada. Pinto, curioso e inteligente. Siempre explora y encuentra cosas escondidas. Aprende rápido y le gusta resolver problemas. Nube. Tímida al principio, pero muy leal. Cuando te conoce es extremadamente cariñosa. Prefiere hogares tranquilos. Canelo, valiente como su mamá Canela, protector y atento, excelente perro guardián y compañero.

Doña Carmen supervisaba todo con su habitual eficiencia amable. Recuerden, niños, no se trata solo de entregar cachorros, explicaba a sus alumnos. Debemos asegurarnos de que vayan a hogares donde los amarán y cuidarán toda su vida. Miguel, quien había pedido el día libre, estaba nervioso. Se frotaba la barba mientras observaba a las personas que llegaban para conocer a los cachorros. ¿Y si ninguna familia es adecuada?, preguntó a Lupita en voz baja. ¿Y si los tratan mal? Por eso estamos entrevistándolos, respondió ella, apretando su mano.

No los entregaremos a cualquiera. Sofía llegó temprano con su padre. Aunque ya estaba decidido que ellos adoptarían a Pinto, la niña quería ayudar con todo el proceso. “Buenos días, señor Miguel, señora Lupita”, saludó Sofía alegremente. “Traje la camita que hice para Pinto.” Mostró una caja decorada con dibujos de huesos y patas, forrada con una manta suave. “Es preciosa, Sofía”, dijo Lupita. “A pinto le encantará. Don Ernesto, quien ahora llevaba una relación cordial con Miguel y Lupita, asintió formalmente.