Mariana cayó de rodillas y los abrazó con fuerza.
Los guantes amarillos se arrugaron contra sus pequeñas espaldas.
Lloraba.
Pero ya no de miedo.
El juez golpeó el mazo una última vez.
—Se retiran todos los cargos contra la señora Mariana Hernández.
La sala explotó en murmullos.
Santiago caminó lentamente hacia el centro.
Se detuvo frente a ella.
Su voz era baja.
—Mariana…
Ella levantó la cabeza.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas.