Adopté a la hija de mi mejor amiga tras su repentina muerte — cuando la niña cumplió 18 años, me dijo: “¡TIENES QUE HACER LAS MALETAS!”.Pasé mi infancia en un orfanato. Sin padres, sin familiares, sin nadie que me reclamara.Mi mejor amiga, Lila, tenía la misma historia — dos chicas sin apellidos que a nadie le importaran. Nos prometimos que algún día construiríamos la familia que nos habían negado.Años más tarde, llegó una breve felicidad. Lila se quedó embarazada. El padre d… Voir plus