PARTE 2
El aire en el calabozo subterráneo de la hacienda era denso y helado. Esperanza cayó de rodillas sobre el piso de piedra irregular, sintiendo que el corazón se le partía en 1000 pedazos. Las lágrimas que había logrado contener frente a la multitud finalmente brotaron, quemándole las mejillas. Había creído, en su ingenuidad, que Alejandro Montenegro, el hombre despiadado que le había permitido entrar a su vida y a la de su sobrino Mateo, había visto su verdadera esencia. Durante los últimos 28 días, habían compartido miradas profundas, conversaciones al pie de la chimenea sobre el dolor y la traición, y habían formado un vínculo silencioso que ella confundió con respeto, e incluso con algo más. Ahora, ante la primera acusación de la mujer que la había maltratado toda su vida, él la había desechado como a basura.
Las horas transcurrieron en una oscuridad casi total. Esperanza se abrazó a sí misma, temblando. En su mente repasaba las acusaciones de Doña Leticia Garza. 500 mil pesos en joyas. Ella nunca había visto ni 100 pesos juntos en toda su vida. Era una trampa, una venganza cruel por haberse atrevido a sobrevivir y encontrar un lugar donde al fin era valorada.
A las 9 de la mañana del día siguiente, 2 guardias abrieron la pesada puerta de madera y hierro. La tomaron por los brazos, sin brutalidad pero con firmeza, y la condujeron por los largos pasillos decorados con azulejos de talavera hasta el enorme despacho principal de la hacienda. El salón estaba atestado. Doña Leticia estaba sentada en un sillón de cuero, con una sonrisa de suficiencia que no intentaba ocultar. A su lado estaba su esposo, Don Arturo Garza, sudando nerviosamente. También estaban presentes 2 agentes del ministerio público, el juez del pueblo y, detrás de su inmenso escritorio de caoba, Alejandro Montenegro. Su rostro era una máscara impenetrable.
"Acabemos con este circo de una vez, Don Alejandro", dijo Leticia¿Qué crees que pasará después? ¡La respuesta está en la Parte 3 en los comentarios de abajo y te aseguro que te sorprenderá!