Si hay algo que he necesitado aprender en el pasado es cómo lidiar con la gente grosera, porque he tenido épocas en las que, admito, me he enfadado muchísimo. Bastaba con que alguien me mirara mal para que me enfadara. Esos días ya quedaron atrás —por suerte para mí y para quienes me rodean—, pero eso no cambia el hecho de que he tenido que repasar una y otra vez diferentes tácticas para lidiar con la gente grosera con la que me encuentro. Ahora soy mucho más feliz, más amable y, curiosamente, más productivo.
Todos nos encontramos con personas difíciles en la vida. Algunas se nos acercan sigilosamente mientras pedimos nuestro café diario en Starbucks, otras se sientan a nuestro lado todos los días en el trabajo, e incluso otras pueden ser personas con las que tenemos relaciones íntimas.
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