A veces, una frase firme y tranquila vale más que mil discusiones.
2. Establece límites claros (aunque incomoden)
Los límites no son castigos.
Son actos de amor propio .
Decir cosas como:
- “No me hables de esa forma”
- “Ese comentario no es aceptable”
- “Prefiero que nos tratemos con respeto”
No es agresivo.
Es necesario.
Quien se molesta cuando pones límites, se beneficiaba de que no los tuvieras.
Y recuerda:
No tienes que justificar cada límite que pongas.
Tu bienestar no necesita permiso.
3. No tomes lo ajeno como algo personal
Mucho del irrespeto que recibimos no habla de nosotros, sino del mundo interno de quien lo emite.
Personas frustradas, inseguras o heridas:
- Atacan
- Minimizar
- Desvalorizan
Entender esto no significa permitirlo,