VOY A LAVAR LOS PIES DE TU HIJA Y ELLA VOLVERÁ A CAMINAR… Y EL RICO SE RIO PERO SE QUEDÓ HELADO…

“Jimena,” decía ella, “yo también estuve mucho tiempo sin caminar, pero Mateo nunca se rinde. Si tú tampoco te rindes, lo vas a lograr. ¿Estás segura, Ana Sofía? Sí, estoy segura. Mateo tiene algo especial en las manos. Mi mamá dice que es amor y el amor siempre funciona. En el quinto mes de tratamiento ocurrió la primera señal de mejora. Durante un masaje, Jimena sintió una leve sensación en el pie izquierdo. Tío Mateo, lo sentí. Sentí que tocabas mi pie.

Todos en el cuarto se quedaron en silencio. Era la primera señal de respuesta neurológica desde el accidente. ¿Estás segura, Jimena? Segura. Hazlo otra vez. Mateo repitió el movimiento, presionando suavemente un punto específico en el pie de la niña. Ay, lo sentí otra vez. Lágrimas rodaron por el rostro de doña Marta. Después de meses de desesperación, finalmente había una luz de esperanza. Mateo, ¿será que todavía es pronto para celebrar, doña Marta? Pero es una señal muy buena. Significa que no todo está perdido.

A partir de ese día, las mejorías de Jimena fueron graduales, pero constantes. Primero recuperó la sensibilidad en las dos piernas, después logró mover los dedos de los pies, luego dobló las rodillas. “Tío Mateo, preguntó ella en una sesión, ¿por qué usted no se rindió conmigo? Los otros doctores dijeron que nunca volvería a caminar porque Jimena, mi abuela, me enseñó que mientras hay vida, hay esperanza y tú tienes mucha vida dentro de ti. Y su abuela tenía razón, siempre la tenía.

Ella era la persona más sabia que conocí. En el sexto mes de tratamiento llegó el momento más emocionante. Jimena estaba lo suficientemente fuerte para intentar ponerse de pie con apoyo. El día fue marcado como una ocasión especial. Todo el equipo del instituto estaba presente, así como la familia de Jimena y muchas otras familias que seguían el caso. Mateo preparó una sesión especial usando todas las técnicas que había aprendido, incluyendo algunas del libro secreto de su abuela. Lista a Jimena.

Lista a tío Mateo. Con mucho cuidado, Mateo y dos fisioterapeutas ayudaron a Jimena a ponerse de pie. Sus piernas temblaban con el esfuerzo, pero sostenían su peso. Dios mío, estoy de pie. Mamá, estoy de pie. Doña Marta corrió a abrazar a su hija llorando de alegría. Ahora vamos a intentar un pasito, preguntó Mateo. Vamos. Jimena se concentró intensamente y logró dar un paso pequeño, pero firme con la pierna izquierda. Lo logré, tío Mateo. Lo logré. El Instituto entero estalló en aplausos.