LA IBAN A ENTERRAR… PERO UN MENDIGO GRITÓ SU NOMBRE Y TODO CAMBIÓ…

El perito jefe presentó los resultados de la pericia. Tras el análisis minucioso de los registros médicos, comunicaciones internas y declaraciones recogidas, quedó claro que hubo negligencia grave y fallas éticas en la atención a la paciente Clara Andrade. El Dr. Lucas Martins negligió su deber como médico al fallar en realizar una evaluación completa y distraerse con el uso de dispositivos electrónicos, comprometiendo el diagnóstico correcto de la paciente. Esa negligencia agravó el estado de Clara, resultando en la tragedia que todos conocemos.

Rosana apretó la mano de Antonio con lágrimas corriendo en silencio. El juez miró severamente al médico antes de pronunciar su sentencia. Con base en las evidencias y las violaciones al Código de Ética Médica, el registro profesional del Dr. Lucas Martins es revocado permanentemente. Queda prohibido de ejercer la medicina y responderá por negligencia e impericia en un tribunal penal. Además, el hospital deberá indemnizar a la familia de Clara por daños morales y materiales. El anuncio desencadenó una ola de reacciones.

Personas en el tribunal comenzaron a aplaudir, algunas con lágrimas en los ojos. Antonio y Rosana salieron del tribunal juntos, exhaustos, pero con una nueva sensación de alivio. El abogado los acompañó. Afuera, en medio de los periodistas y simpatizantes, alguien señaló a don Aurelio que bajaba los escalones de espacio, ayudado por la mano de un vecino. Un fotógrafo capturó la imagen que luego recorrería el país. Antonio y Rosana, de un lado, abrazados por el abogado. Y don Aurelio, con su sombrero de paja en la mano al centro, mirando a la cámara con sus ojos color miel,