LA FAMILIA RICA DE MI EXMARIDO ME ECHÓ AGUA HELADA ENCIMA EN PLENA CENA… NO TENÍAN IDEA DE QUE YO ERA LA DUEÑA SECRETA DE LA EMPRESA MILLONARIA PARA LA QUE TRABAJABAN

No valía la pena.

“Y asegúrense de que nunca vuelvan a usar el nombre Altamira.”

“Así será,” respondió el hombre.

Caminé hacia la salida.

Nadie me detuvo.

Nadie se atrevió.

Justo antes de cruzar la puerta, me detuve.

Sin mirar atrás, dije:

“Gracias por el agua.”

Una pausa.

“Me despertó.”

Y entonces salí.

La noche estaba tranquila.

El aire fresco.

Libre.

Un auto negro ya me esperaba.

El chofer abrió la puerta.

“Bienvenida, señora.”

Subí.

Y mientras el coche se alejaba, no miré hacia atrás.

Porque algunas historias no necesitan un cierre.

Solo un final.

Y ese… ya lo había escrito yo.