Una cantidad prácticamente imposible.
Pero justo por eso… yo me sentía tranquilo.
Pensaba que, con tan poco dinero, Helena estaría ocupada todo el tiempo intentando sobrevivir. No tendría dinero para arreglarse ni tiempo para pensar en otras cosas, y mucho menos en otro hombre.
Si necesitaba más dinero, tendría que pedírmelo. Y así… yo tendría el control total.
Durante 5 largos años…
Helena nunca se quejó.
Ni una palabra de reproche.
Ni una exigencia.
Ni una discusión.
Hasta aquel día…
El día en que, por primera vez en mi vida, decidí quedarme en casa y… lavar su ropa.
Y fue ese mismo día —que descubrí lo que Helena había estado ocultando durante 5 años…
Un secreto que me dejó… completamente destruido.
Ese día, el sol ni siquiera había terminado de salir cuando me vi solo en casa.
Era extraño.
Demasiado silencioso.
Durante años, aquella casa siempre estuvo viva: con los pasos ligeros de Helena, las risas de los niños, el sonido de la olla en la estufa, el ruido de la lavadora… cosas a las que yo nunca di valor.
Pero ese día… todo parecía distinto.